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Feudalismo Digital
Los negocios aprendieron rápidamente la lección. El espacio digital no iba a ser un terreno abonado para todos. Solamente sería repartido entre grandes bastiones, que establecerían allí su feudo digital. Y de la noche a la mañana, articulando la mentira de una web democrática para todos basada en productores y consumidores, consiguieron convertirnos a los usuarios en fieles vasallos que entregaban de manera sistemática y recurrente sus vidas en forma de historia digital. No importaba la relevancia de todo aquello. Lo relevante era entrar en un círculo vicioso de entrega sistemática para poder nutrir al gran reino feudal. Ese era el precio por disponer de un terreno digital dentro del feudo aparentemente gratuito. Y nuestra recompensa, para mantenernos felizmente integrados en aquella realidad social, eran las métricas de aceptación basadas en los "likes". Hoy Hemos salido ya de este oscuro, ¿o no?
Feudalismo Digital
Nomadismo Digital
Parece mentira, pero hace ya la friolera de 25 años que empezamos a entrar en Internet. En aquellos años navegar era una actividad efímera que se contaba por minutos. Primero esquilmábamos un terreno cuidadosamente elegido en el espacio de lo digital y sólo después, desconectados, rumiábamos con tranquilidad todos aquellos datos. Eran tiempos pasados de una nomadismo digital que muchos ni siquiera habrán vivido. Tiempos en los que nuestro nerviosismo atávico nos llevaba a consumir información como si no hubiera un mañana mientras que los negocios estaban explorando aquel nuevo espacio e intentando descubrir como sacarle partido como una valla publicitaria más. Te preguntarás que tiene que ver todo esto con la Inteligencia Artificial de nuestros días. Pues si me acompañas en las próximas tres semanas lo descubrirás.
Consumismo Digital
Fue la tecnología la que tuvo que venir a nuestro rescate para despertarnos del letargo del feudalismo digital. Los consumidores habíamos logrado independizarnos de la dominación de los negocios y la inversión de control se había producido. Ahora serían ellos los que deberían perseguir la atención de sus clientes, a través de un universo de interacciones basadas en notificaciones que debían ser convenientemente atendidas a través de microgestos, todo ello articulado en un momento de fuerte competitividad creciente. Teníamos la libertad de decidir cómo y cuándo atender. Pero no nos engañemos, todo eso no fue más que un mero espejismo. Las plataformas de hoy en día construyen cámaras de eco y resonancia para manipular nuestras actitudes y condicionar nuestro comportamiento activo a su favor. Y lo peor es que este hecho esta llegando a trascender los límites fronterizos de lo digital.
Modernismo Digital
Hoy en día hemos llegado al modernismo digital y la interacción entre los negocios y los consumidores está vertebrada por la Inteligencia Artificial. Operamos a través de un Agente Inteligente responsable de responder a todas nuestras necesidades de consulta. Aún es pronto, pero seguramente estos agentes pronto presentarán capacidades para aprender de los intereses de cada usuario en base a su actividad y comportamiento digital, lo que permitirá una modulación adaptativa creciente en cada nueva respuesta emitida. Pero si bien las respuestas obtenidas por los clientes serán progresivamente más satisfactorias, ¿no corremos el riesgo de que los agentes de consulta realicen actividades de sesgo cognitivo basadas en una malentendida experiencia adaptativa? Tal vez llegue el momento en que la adaptación intencional de los agentes nos deje ciegos ante determinados espacios de conocimiento. Y poniéndonos algo más paranoicos, puede que los fabricantes de estos agentes utilicen esa tendencia natural para crear cámaras de eco y resonancia digital al servicio de intereses oscuros. Eso solo el futuro lo dirá, Lo que está claro es que los negocios en esta nueva era irán perdiendo progresivamente todo el control de su tráfico e incluso de la experiencia que pueden entregar a sus clientes.