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Primitivas de Operación Neuronal
Con una sola neurona hemos conseguido crear un clasificador geométrico que opera sobre un espacio de múltiples dimensiones. Atravesada la fase de entrenamiento, el modelo puede usarse para clasificar. Todos los datos de entrada que lleguen en la fase de inferencia, caerán por encima o por debajo de la recta. Podemos ajustar nuestra neurona para que responda con un 1 si caen por encima o con un 0 si caen por debajo. Pero las posibilidades de un clasificador lineal no acaban ahí. Conjugando varias neuronas puedo identificar los clústeres en los que se subdivide un espacio de datos reales. Puedo predecir el valor de tendencia que tendrá un dato en la vertical a partir de su valor en la horizontal. O puedo usar el modelo para reducir por proyección la dimensionalidad de los datos. E incluso puedo generar nuevos datos sintéticos en la horizontal a partir de datos sorteados aleatoriamente en la vertical.
Primitivas de Operación Neuronal
Neuronas Artificiales & Clasificadores
Si te doy un punto, serás capaz de trazar infinitas rectas que pasen por el. Si te doy dos, solo podrás trazar una. Si te doy una nube de puntos no serás capaz de trazar recta alguna. Para este último escenario los matemáticos y estadísticos nos vienen al rescate ideando una recta imaginaria que sea la solución de mejor ajuste promedio a todos los puntos de la nube. Pues bien, exactamente eso es lo que hace una neurona artificial en su etapa de entrenamiento. Con cada nuevo punto de entrada la recta se reajusta para encontrar la mejor solución de compromiso. Al conjunto de puntos utilizados para articular esta solución se le llama datos de entrenamiento, a la recta así obtenida se le llama modelo inferido y al procedimiento de reajusta algorítmico sistemático se le llama modelo de aprendizaje. Y es que, como explicaré en próximas semanas esto es lo único que necesitamos para hacer emerger inteligencia en sistemas artificiales.
La tortuga de Grey Walter
En 1948 Grey Walter decidió crear a Elmer y Elsie, dos tortugas robóticas. Parecían haber cobrado vida al mostraba un comportamiento emergente en la búsqueda incesante de fuentes de luz y alejándose de las zonas de penumbra. Pero lo que fue verdaderamente sorprendente es cuando se enfrentaron a un espejo. Entonces su propia imagen reflejada les hizo ponerse a templar. Cuando recuerdo esta historia siempre pienso en el valor que damos los humanos a nuestra propia inteligencia como factor de diferenciación. A la postre, no nos separan de otros animales más que algunos miles de años de evolución. Usamos iguales neuronas, mismos dendritas y axones e iguales convoluciones cerebrales por donde fluyen pensamientos en forma de impulsos eléctricos a través de sinapsis neuronales. Con la Inteligencia Artificial actual estamos creando esas mismas estructuras conexionistas en el laboratorio y los resultados de comportamiento emergente están resultando francamente sorprendentes. Quiza deberíamos dejar de pensar si la Inteligencia Artificial es verdaderamente inteligente para empezar a reflexionar sobre qué tiene de sublime lo que siempre hemos dado en llamar inteligencia humana.
Inteligencia Artificial & Comportamiento
Hoy casi parece olvidado pero estuvimos la friolera de más de 30 años intentando hacer esa cuadratura del circulo en base a modelos de razonamientos capaces de operar con conocimiento formalmente representado. Intentábamos hacer un modelo del mundo para forzar después a que el mundo se adaptara a nuestro modelo. Aquella romántica idea de academia, aunque dio algunos frutos, nunca llego a funcionar. Tendrían que pasar muchos años más, casi hasta llegar a nuestros días, para darnos cuenta de que los comportamientos inteligentes se obtienen solamente a través de una confianza ciega en los datos. Había que entrenar los sistemas con grandes volúmenes de información y dejar que el comportamiento esperado emergiera por si mismo.